EL BIÓLOGO QUE EXPLICA POR QUÉ SOMOS LAS PERSONAS MÁS RARAS DEL MUNDO I Entrevista a Joseph Henrich

Resumen de la entrevista a Joseph Henrich, presidente del Departamento de Biología Evolutiva Humana de Harvard

Por Ángel Villarino.

Publicado en El Confidencial.

31 de octubre de 2022

Cuando un antropólogo estudia el comportamiento de una tribu perdida del Amazonas, lo que observa es algo natural, pequeñas variaciones de lo que ha venido siendo normal en la historia de la evolución humana. Lo realmente extravagante es la psicología occidental. Somos extrañísimos y muy prósperos a causa de nuestras múltiples neurosis, propiciadas por una serie de pequeños cambios en nuestras organizaciones sociales que arrancaron hace unos 1.500 años, con la Iglesia católica romana.

P. Antes de nada, conviene aclararlo. ¿Quiénes son los RAROS?

R. WEIRD (RARO) es un acrónimo. Reúne a las personas occidentales (Western), educadas (Educated), industrializadas (Industrialized), ricas (Rich) y democráticas (Democratic). Lo inventamos para demostrar que gran parte de la investigación realizada en psicología y economía en realidad se centra en una proporción bastante pequeña de la humanidad, en un grupo humano muy especial conformado por RAROS. En el mejor de los casos, estamos hablando del 12% de la humanidad. Esto se nos ocurrió en 2006, cuando comencé a trabajar con dos psicólogos sociales en la Universidad de Columbia. Hicimos una revisión muy ambiciosa y reunimos las pruebas. Llegamos a la conclusión de que los RAROS son realmente diferentes al resto de grupos humanos. Si uno observa la humanidad en su conjunto, lo realmente exótico no son las tribus en las que los antropólogos pasan la vida asombrándose. Lo realmente RARO es la civilización occidental.

[…]

P. Una de las claves de todo es el individualismo. No siempre somos conscientes de hasta qué punto nos hace diferentes al resto.

R. Hay que pensar en el individualismo como un sistema que agrupa diferentes rasgos psicológicos. El principal es que las personas se enfocan en sí mismas y cultivan atributos que las distinguen como individuos. ¿Por qué? Porque vivimos en un mercado de posibles relaciones. Nos pasamos la vida buscando esencialmente socios matrimoniales, socios amigos, socios comerciales, etcétera. La pregunta que nos hacemos a todas horas es: ¿por qué alguien querría asociarse con nosotros para darnos trabajo, para tener una familia, para compartir tiempo de ocio, para hacer negocios? Y acto seguido nos preguntamos: ¿qué puedo aportar yo para que me escojan y poder escoger?, ¿qué tengo yo de único que los demás no tienen?

P. ¿Y esta manera de entender las relaciones lo domina todo?

R. […]. Vivir en un mundo marcado por el individualismo tiene un montón de consecuencias. Una de ellas es que la gente tiene que desarrollarse en muchos planos para ser competitivo en el mercado de las relaciones. Trata de ser considerado un individuo honesto, o confiable, o inteligente… La mayoría de los humanos aprenden a mantener un tipo de relaciones con las personas de su círculo y otro muy distinto con el resto. Pero, en una sociedad de RAROS, se supone que debes ser uniformemente honesto en relaciones muy diferentes. Hay un universalismo moral extendido.

P. Esta diferencia es importante para el propio funcionamiento de las sociedades y sus instituciones. Ayuda a explicar la manera en la que se perciben cosas que están creadas con metros occidentales, diría que incluso anglosajones: desde el nepotismo hasta la corrupción. Y son formas de pensar que no solo cambian de país en país, sino de generación en generación.

R. Creo que en general es así, que el mundo es cada vez más RARO. Aunque la situación se está volviendo algo confusa últimamente porque las crisis económicas, climáticas, la guerra, provocan repliegues y hacen a la gente volver a los valores de su parroquia, más alejados del universalismo moral. Estamos haciendo justo ahora una investigación sobre diferentes condados de EEUU, tratando de ver cómo ha evolucionado el universalismo moral a través de los años. Se puede ver claramente cómo, desde 2008, las zonas más rurales de los EEUU se han vuelto menos moralmente universalistas. Es decir, son cada vez menos RAROS, al menos en este rasgo. Mientras, las áreas urbanas se han mantenido igual, o incluso han aumentado un poco. Se produce una división cada vez mayor de los estadounidenses en función de si viven en áreas rurales o urbanas.

P. En el libro contrapones el pensamiento analítico y el pensamiento holístico. Los RAROS, dices, tienen hiperdesarrollado el primero y han ido abandonando el segundo.

R. Los psicólogos han estudiado largamente estos dos estilos de pensamiento. Los pensadores analíticos tienden a resolver problemas y abordar las cosas diseccionando el todo en sus partes. Si eres físico, descompones el mundo en partículas más pequeñas. Si eres un psicólogo, asignas personalidades y dimensiones a las personalidades. Y luego tratas de explicar el comportamiento basándote en esas propiedades. Los pensadores analíticos también tienden a pensar en línea recta: los procesos siguen un curso lineal. Mientras tanto, los pensadores holísticos se centran en las relaciones entre las cosas y el trasfondo. Aquí el contexto juega un papel más importante. Son capaces de centrar la atención en el fondo y de captar más imágenes que los pensadores analíticos. En cualquier caso, son dos estilos de pensamiento, dos maneras de abordar los mismos problemas desde diferentes ángulos.

[…]

P. Los RAROS, dices, le damos una importancia al trabajo y al uso del tiempo como no le ha dado nadie nunca.

R. Es que ambas cosas están relacionadas. El individualismo, como dijiste antes, es la idea clave. Si estás cultivando ese yo individual y tratando de diferenciarte del resto, a menudo terminas esforzándote por optimizar tu tiempo. Quieres ser muy eficiente. Las poblaciones occidentales, particularmente las urbanas, se preocupan mucho por el tiempo y desarrollan lo que yo llamo el «riesgo del tiempo», el peligro a malgastar tus minutos. Tenemos el reloj siempre en la cabeza. Más o menos sabemos qué hora es en todo momento. Nuestros idiomas han ido creando expresiones relativas a ahorrar tiempo o malgastar tiempo. Como dice uno de los colegas de investigación, el tiempo es dinero antes de ser acuñado. Cuando viajas a otras latitudes, te das cuenta de que el reloj se mueve a un ritmo muy diferente. El propio sentido de la puntualidad varía enormemente.

P. Antes mencionabas el pensamiento lineal, que es otra de las señas de identidad de los RAROS. Pero no sé si ha quedado claro cuál es la alternativa. ¿Cómo piensan aquellos que no piensan de manera lineal?

R. En muchos lugares se piensa que el tiempo es cíclico. Es más, en el pasado, la idea más extendida era que los antiguos habían descubierto la mayoría de las cosas importantes. Fue cierto en Europa hasta el año 1500. Aristóteles y Platón, Euclides, la geometría, estaba todo inventado… Después, gradualmente, los europeos se dieron cuenta de que había cosas en las que esos tipos estaban equivocados. Y entendieron que se podían descubrir cosas nuevas. Ahí se comienza a difundir la idea del descubrimiento y del progreso. Esta concepción animó mucho el pensamiento y se aceleró el proceso y la concepción de progreso… Se trata de ideas que realmente no se encuentran en muchas otras culturas.

P. Hemos hablado antes del moralismo universal, pero solo en una de sus acepciones. Muchas naciones han sufrido la obsesión occidental por valorar todo bajo nuestro prisma, intentar transformar a los demás, intentar convencerlos o forzarlos a hacer las cosas a nuestra manera.

R. Es consecuencia de lo que hablábamos antes. Si pensamos que dentro de nuestras sociedades todos tenemos que seguir unas mismas reglas, es lógico que acabemos trasladando eso al resto del mundo. En Occidente esto forma parte de la filosofía política hasta el punto de que hemos impulsado una Declaración Universal de los Derechos Humanos. No hay ninguna obra de moralismo universal como esa. Hacemos una guía moral y decimos que no es una construcción, sino que forma parte de las esencias escondidas dentro de las personas. Y luego esos principios pretendemos usarlos para hacer un montón de leyes específicas. Es una forma de pensamiento muy propia de los RAROS. Si enfocas el mundo desde las relaciones entre personas como las sociedades intergrupales, es difícil llegar a algo como los derechos humanos universales.

P. Al principio del libro explicas que estas diferencias de comportamiento, creencias y valores se pueden observar con claridad al estudiar la configuración cerebral. Me refiero a que los cerebros acaban siendo físicamente distintos.

R. Escribí un libro anterior, llamado El secreto de nuestro éxito, donde analizo esto con mayor detalle. Solemos pensar que la cultura y el aprendizaje van por un lado, mientras que la biología va por otro. Pero lo que ahora sabemos por la neurociencia es que, cuando aprendemos algo, transformamos nuestro cerebro. Si tomas como modelo a dos gemelos, genéticamente idénticos, y los crías en diferentes culturas, cuando lleguen a adultos tendrán cerebros diferentes. El ejemplo que uso en el libro es un caso bien estudiado: cómo aprendemos a leer.

[…]

P. Llevamos una temporada en la que no se para de hablar de la decadencia de Occidente, pero cada vez hay más RAROS por el mundo, ¿no crees?

R. Como somos RAROS y tenemos un pensamiento analítico, tendemos a pensar en las cosas de manera lineal. Vamos de un lugar a otro, hemos emprendido una dirección o la contraria. Pero este es un proceso evolutivo tupido en el que, ya sabes, Occidente ha exportado un montón de sus instituciones a otras partes del mundo. Japón obtuvo instituciones europeas durante la Restauración Meiji y luego, tras la Segunda Guerra Mundial, obtuvo instituciones estadounidenses. Pero Japón no es europea, ni estadounidense, ni tampoco es tradicionalmente japonesa. Es una tercera cosa. Lo que se produce es una recombinación de todo lo anterior. Lo mismo se puede pensar de China, de Medio Oriente… Lo que estamos viendo es una proliferación de nuevas formas de organizar sociedades que muestran algunos rasgos occidentales y otros que no son occidentales. La historia lo resolverá en función de cómo les vaya a esas sociedades y de sin son capaces de mantenerse cooperativamente estables.



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