LECCIONES QUE DEJA LA CRISIS DE LIDERAZGO EN REINO UNIDO I Jaime Batlle

Por Jaime Batlle

Publicado en Cinco Días, El País

24 de octubre de 2022

La caída de Liz Truss es fruto de un error técnico de grandes dimensiones y de la veloz reacción de los mercados en el actual escenario global
Uno de los pilares de todo liderazgo es llevar el proyecto al éxito, lo que es insoslayable, más aún en política, y especialmente en sociedades democráticas. Llevar a las personas a entornos estables y jurídicamente garantes que, en definitiva y en trazo muy grueso, consiste en proporcionar entornos de estabilidad económica, apoyados por las garantías jurídicas inherentes a toda sociedad democrática.

Reino Unido es, sin duda, una sociedad democrática y, como tal, los errores de sus líderes tienen una contestación política, y también desde la sociedad civil, sujetada en mecanismos de control que están en relación directamente proporcional a la calidad democrática de la sociedad en la que se insertan. Lo que ha ocurrido con la ya ex premier británica Liz Truss, que ha dimitido tan solo 44 días después de asumir el cargo, es un error técnico de grandes dimensiones por la magnitud del problema provocado, pues nada hay que reaccione más rápido que los mercados.

En Reino Unido, los planes de pensiones privados prevalecen de forma muy notable sobre los públicos, porque estos son mucho más bajos que los de otros países de su entorno. Estos fondos privados manejan activos por valor de 2,3 billones de euros, de cuya fiabilidad en su gestión inversora dependen las pensiones de la mayoría de jubilados británicos.

En los últimos años, estos fondos han intentado equilibrar su activo/pasivo a través de LDI, un producto de inversión basado en el cumplimiento de obligaciones. Resumiendo: a través de gestoras de fondos y con préstamos de bancos de inversión compran derivados sobre tipos de interés. El problema surgió cuando tras el anuncio de la reforma fiscal del Gobierno de Truss, la libra se desplomó, dado que la reducción de impuestos expuesta implicaba un aumento de la deuda pública de 200.000 millones de euros, lo que provocó que el bono británico a 30 años aumentara su rendimiento y bajara su valor. Esta tormenta generó lo que se denomina un fire sale, una venta masiva de bonos que afectó negativamente a los fondos de pensiones al exigir a los LDI un incremento real de la garantía depositada en la cámara de compensaciones de derivados (margin call). Pero como los fondos de pensiones precisan liquidez inmediata para pagar las jubilaciones, su venta implicó una mayor degradación de su valor.

El Banco de Inglaterra acudió al rescate con masivas compras de bonos, pero ya ha advertido que quizás no sea posible proteger a todos estos planes de pensiones –en base a la reacción de los mercados– si siguen gestionando dichos fondos con niveles de riesgo cuya lección parecía aprendida tras la crisis financiera de 2008.

Por esta razón, la primera ministra británica cesó a su amigo y ministro de Economía, Kwasi Kwarteng, y colocó al frente de la cartera económica a un centrista moderado como Jeremy Hunt, que debía ser la cabeza visible de la rectificación para calmar a los mercados y ganar tiempo, lo que finalmente no ha conseguido, anunciando su dimisión. Su situación, pues, era del todo insostenible, como la realidad se ha encargado de ratificar.

Desde un punto de vista técnico, es difícil explicar el error y, más aún, en estos niveles de competencia, pues en medio de una inflación galopante, con tipos de interés al alza y una recesión a la vuelta de la esquina, un agujero de 200.000 millones de euros no iba a apreciar la libra precisamente. Es complejo insertar el error técnico de Truss en el contexto en el que se encuentra actualmente el Reino Unido. Las tres claves para entender el escenario británico actual son el mantenimiento de la libra, el Brexit y la concentración de la gestión de capitales como alternativa económica a la pérdida de su influencia colonial.

El accidente en forma de flagrante error técnico de la sucesora de Boris Johnson es preciso aislarlo del contexto general en el que se halla Reino Unido. Un entorno cuyo nudo pendiente es definir la gestión del Brexit, pues ello condiciona de manera muy notable sus relaciones comerciales y, por tanto, su economía. El país ha dado muestras de su fuerte compromiso atlantista en el escenario ucraniano, lo que cabe considerar como un efecto vuelto de péndulo respecto al Brexit.

En cualquier caso, la excepcionalidad británica está vigente hoy en su máximo esplendor y esa idiosincrasia tan característica ha derivado en situaciones grotescas, como que un tipo como Johnson pudiera ocupar el 10 de Downing Street o este error técnico de Truss. Pero lo grotesco suele acompañarse de derivadas causales como, por ejemplo, la muerte de Isabel II, que escenifica el final de una época.

Estamos ya en otro escenario global, en el que el Reino Unido afronta con no pocas dificultades su encaje, tratando de mantener su excepcionalidad. Quizá el error de Liz Truss pueda entenderse por aquí: pensó que podía ser Margaret Thatcher, pero el mundo ya no es el mismo que hace 40 años, aunque algunos líderes actuales –y no solamente británicos– aún lo crean. Y si no, pregunten a Putin.

Jaime Batlle es Director del Postgrado en Desarrollo Directivo de Negocios Sostenibles. UPF Barcelona School of Management (UPF-BSM).



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