¿A QUÉ ESPERAN LOS DIRECTIVOS PARA FORMARSE EN HUMANIDADES? I Bruno Pujol

Bruno Pujol Bengoechea.

El actual pragmatismo funcionalista de las empresas e instituciones ha supuesto que las vocaciones hacia los estudios de humanidades se hayan visto mermadas dese hace muchos años, restando importancia a este tipo de formación y obviando una formación más completa y humana.

Generaciones de estudiantes que con el devenir del tiempo han llegado a dirigir empresas e instituciones se encuentran alejados de un conocimiento de las esencias de las humanidades.

La situación actual pone de manifiesto que existe una situación de falta de palancas para ejercer el liderazgo, la toma de decisiones o la dirección de equipos humanos debido a la carencia de formación integral de los directivos de empresas y responsables de instituciones públicas y privadas.

Es el momento de replantearse la formación en filosofía, historia, literatura no solo en colegios, donde se imparte de forma somera, también en las escuelas de negocios y en la formación de directivos y mandos intermedios dentro de las organizaciones, instituciones y empresas.

Es preciso fortalecer la formación de directivos más allá de las finanzas, el marketing o el management funcional e inculcar otra forma de mirar a la formación de los decisores del futuro.

Las empresas necesitan para el nuevo mundo nuevas habilidades directivas que no son blandas (soft skills) sino todo lo contrario, decisivas y claves para la dirección y toma de decisiones (por tanto key skills). Se precisa una transformación del saber hacer por el saber ser.

Empecemos por manifestar que ha habido siempre una distancia mutua entre las humanidades y el mundo empresarial. Las primeras recelan del segundo, y éste parece ignorar o despreciar a aquellas. Por ejemplo, la idea de que las humanidades puedan servir para “humanizar los negocios” encuentra cierta resistencia por parte de algunos que ven en ese acercamiento un riesgo de vulgarizarlas y descafeinarlas; en dirección contraria, hay una corriente en las escuelas de negocios que opinan que las humanidades distraen de lo esencial, o incluso peor, que pueden formar a “directivos blandos”.

Tenemos razones para pensar que las humanidades pueden mejorar sustancialmente la educación empresarial ya que contribuyen de forma decisiva a desarrollar el pensamiento crítico, potenciar la capacidad de imaginación, introducir flexibilidad en los modelos de liderazgo y gobernanza, estimular la capacidad de observación y empatía entre otras muchas capacidades.

El hecho de que una empresa como Google se plantee contratar en los próximos años a más de 4000 doctorados en Humanidades, supone el reconocimiento de que todo no es tecnología, ni se van a poder resolver los grandes desafíos sólo con ingenieros y expertos economistas, sino que “necesitan la parte social; la empatía, la emoción y la cultura en un mundo más global”.

Cultivar un pensamiento crítico es de gran utilidad para que los alumnos aprendan a entender el contexto y cuestionen siempre decisiones no siempre éticas de sus superiores.

Además de las citadas anteriormente, las contribuciones que las humanidades pueden aportar a las organizaciones son:

  • Gestión de la complejidad y la ambigüedad: Pueden ayudar a detectar amenazas a partir de indicios ambiguos, gracias al entendimiento holístico que aporta la visión humanista y su capacidad de huir del corsé de la mirada inmediata o cortoplacista. Toda gran obra de arte – ya sea literaria, filosófica o visual – desafía a un humanista a ser curioso, hacer preguntas abiertas y ver el panorama completo. Este tipo de pensamiento es justo lo que se necesita para abordar un futuro incierto o hacer frente a problemas complejos”
  • Innovación: Si queremos pensar-fuera-de-la-caja, es necesario liberar la creatividad inherente de las personas. Los humanistas se entrenan para ser creativos y saben adaptarse a los equipos de esa naturaleza.
  • Habilidades de comunicación: Las artes liberales surten efecto en tareas que necesitan una buena redacción y capacidad de comunicación, lo que ayuda a actividades del mundo empresarial como la comercialización, la formación y la investigación. Escribir bien ayuda a las personas a desarrollar argumentos persuasivos y la comprensión de la historia es indispensable si se quiere entender el mercado global.
  • Empatía con clientes y empleados: La capacidad de «meterse en la piel» de los clientes y empleados para conocer sus necesidades y preocupaciones reales exige capacidades diferentes a aplicar encuestas que suelen dar información muy superficial.

Posiblemente el momento de incorporar las humanidades a la formación directiva y que esta llegue a los cuadros de mando ya ha llegado.  Depende ahora de los líderes de las escuelas de negocio y de los directivos pasar de las buenas palabras y los discursos cosméticos a los hechos concretos.



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