COLECCIONES PRIVADAS DE ARTE CONTEMPORÁNEO ¿PASIÓN POR LA BELLEZA O NEGOCIO FINANCIERO? I Óscar da Rocha

Óscar da Rocha Aranda.

El interés por el coleccionismo de arte contemporáneo se ha incrementado de modo extraordinariamente significativo desde los años ochenta del siglo pasado. A ello ha contribuido, sin duda, el espectacular crecimiento del mercado que se dedica a esta clase de manifestaciones artísticas, donde se han dado casos –llamativos, pero relativamente habituales– como los de algunas obras que en apenas unos años han llegado a quintuplicar su valor, mientras que, por ejemplo, se hundía la cotización de varios pintores impresionistas. Entre las lógicas consecuencias de todos estos cambios cabe señalar una profunda transformación de la labor del coleccionismo e, incluso, del comportamiento de los propios coleccionistas, que en muchas ocasiones han dejado de ser buscadores o acaparadores de belleza para convertirse en inversores económicos.

En este contexto dinámico, resulta especialmente destacable la actuación e intervención de los coleccionistas privados, bien sean particulares, bancarios o corporativos, cuyos distintos comportamientos ya condicionan, de modo concluyente y por distintos motivos, el funcionamiento de un mercado totalmente globalizado y cada vez más competitivo. Numerosas y muy diversas son las colecciones nacionales e internacionales especializadas en arte contemporáneo; algunas muy conocidas por su larga trayectoria, pero otras casi completamente ignoradas, no sólo por el gran público sino incluso por diversos especialistas, sobre todo las más recientes que han sido creadas en las actuales circunstancias histórico-artísticas, tan complejas, imprevisibles y cambiantes. No obstante, sin el estudio de todas ellas resulta absolutamente imposible comprender el panorama de arte contemporáneo.

En general, el mercado del arte se rige por los mismos principios y las mismas normas que intervienen en cualquier mercado económico (ley de oferta/demanda, ley de precios, condicionantes externos, marketing, etc.), aunque en este caso el “producto” presenta una serie de particularidades derivadas del hecho de tratarse de una obra de arte, lo que, además de su valor de mercado, implica la existencia de unas cualidades estéticas, históricas, simbólicas o representativas no siempre fáciles de cuantificar. Todo ello hace que el mercado del arte sea, por muy diversos motivos, un tanto especial. Esta singularidad se ha incrementado de manera sorprendente en las últimas décadas, cuando se ha producido un auténtico “boom” en las ventas artísticas, especialmente de arte moderno y contemporáneo. Actualmente, tras la crisis de 2008 y la pandemia de 2020, el mercado artístico factura en todo el mundo alrededor de 60.000 millones de dólares anuales, y tiene en Nueva York y Londres dos de sus centros más activos. No obstante, está creciendo exponencialmente el coleccionismo en algunos países árabes y también en China.

Las grandes ventas artísticas de los últimos años arrojan cantidades verdaderamente astronómicas, tanto en las transacciones privadas, donde, pese a la supuesta discreción, han trascendido las cifras más desorbitantes, como en las subastas públicas, cuya repercusión mediática es lógicamente muy superior. Entre las primeras, cabe destacar los 500 millones de dólares pagados por el inversor Kenneth Griffin a la fundación David Geffen para adquirir Interchange de Willem de Kooning y Number 17(A) de Jackson Pollock, unas obras que ha cedido al Instituto de Arte de Chicago. Entre 250 y 300 millones entregó la familia real de Qatar para hacerse con una versión de los Jugadores de cartas de Paul Cézanne y Nafea faa Ipoipo de Paul Gauguin.

Si exceptuamos el Salvator Mundi, atribuido a Leonardo, hasta ahora el récord de venta en subasta lo tiene un cuadro de Pablo Picasso, Mujeres de Argel, vendido en 2015 en Christie´s por casi 210 millones de dólares (precio actual) y adquirido por un comprador anónimo. Le sigue el Desnudo acostado de Amedeo Modigliani, que fue subastado por la misma casa por casi 200 millones de dólares y comprado por el empresario chino Lui Yiqian. Cierra este “podium” de los cuadros más caros subastados hasta 2022, la Marilyn turquesa de Warhol (195 millones en la misma casa de subastas).

En las listas de los artistas más cotizados, copadas por pintores, destaca la presencia reiterada de autores estadounidenses pertenecientes a los movimientos de la segunda mitad del siglo XX, especialmente el expresionismo abstracto y el arte pop (De Kooning, Pollock, Warhol, Rothko,…), aunque entre ellos se intercalan los “valores seguros” que representan algunos grandes maestros (Picasso, fundamentalmente), al que deberíamos añadir a Gauguin y Cézanne), acompañados por ciertas excepciones debidas a “efectos momentáneos” (Klimt) y varias personalidades que se encuentran en lo que podríamos considerar como “horas bajas” (particularmente algunos impresionistas). Entre todos ellos los únicos escultores contemporáneos que compiten en valoración son Giacometti (el único escultor que alcanza las cifras de los pintores), Modigliani (sobre todo cotizadísimo como pintor) y Brancusi. El resto de las manifestaciones artísticas (obras gráficas, fotografías, instalaciones, vídeos, etc.) no se acercan a la cotización de las pinturas o esculturas, aunque en los últimos tiempos están adquiriendo mayor protagonismo.

Las condiciones del mercado, los gustos de los coleccionistas y el grado de aceptación de las modas determinan los rankings de los principales autores contemporáneos vivos durante las últimas décadas. Así, por ejemplo, entre 2011 y 2015 sólo un artista repitió entre los más cotizados, el alemán Gerhard Richter, mientras que supuestos “valores consolidados”, como Bruce Nauman, Sol LeWitt, Cindy Sherman, Robert Rauschenberg, Louise Bourgeois o Ed Ruscha, dejaron su puesto a diversos autores orientales y preferentemente chinos (Zeng Fanzhi, Fan Zeng, Cui Ruzhuo, Zhou Chunya o Zhang Xiaogang), cuyas ventas, impulsadas inicialmente por los coleccionistas de su país, ya se realizan a través de las más influyentes galerías occidentales. Y en 2022 solo Ruscha se mantiene entre los más cotizados de los artistas vivos, acompañado por “grandes maestros” como Hockney, Jones o Soulages; y valores ascendentes como Banksy o Saville. Mención aparte merecen las “grandes estrellas de Arte Contemporáneo”, caso de Jeff Koons, Damien Hirst, Maurizio Cattelan o Takashi Murakami que, pese a la oposición de la crítica más purista, se desenvuelven con extraordinaria soltura por el mundo del marketing artístico. Estos últimos son figuras mediáticas cuya obra forma parte de las principales colecciones de arte más reciente. Y todo ello sin mencionar a algunos “clásicos”, como Picasso, Pollock o Warhol, que año tras año suelen estar entre los más vendidos.



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