EN DEFENSA DE LA HISTORIA; CONVENCER CON RIGOR I Bruno Pujol

Bruno Pujol Bengoechea

Desde hace tiempo, siglos, décadas, años, desde siempre, casi todo lo referente a la historia de España se ha abordado desde el juicio moral. No me estoy refiriendo solamente a la leyenda negra que desde hace siglos se ha convertido en una de las mayores y mejores campañas de propaganda de todos los tiempos contra la historia y la esencia de España. Tampoco me refiero al revisionismo histórico que desde hace décadas discute cómo y cuando nació España intentando alejarla de la unión de los reinos de Castilla y Aragón y la creación de la monarquía hispánica y afirmando que hasta la llegada de la dinastía Borbón, no hubo una realidad española.

Ni si quiera quiero hacer referencia a los últimos planes de estudio que quieren hacer entender a generaciones de nuevos españoles, muchos de ellos no nacidos en España como consecuencia de la inmigración, que realmente España no se debe estudiar hasta el siglo XIX poniendo como punto de partida la Constitución de Cádiz.

Me refiero al absoluto desinterés por parte de los diferentes gobiernos de los últimos decenios por construir una realidad basada en el rigor de los hechos y el análisis de los acontecimientos, de lo que ha sido y es la historia de España lejos de los estereotipos, las ideologías y los sastres de la historia que la quieren configurar a la medida de sus intereses cortoplacistas.

La realidad es que a nuestra historia, se la juzga, se la ataca, se la minusvalora, se la esconde, se la vitupera desde todos los frentes y casi nadie sale en su defensa.

¿Podemos imaginar que alguien dude que la Francia de Francisco I realmente no era todavía Francia y por tanto no debe enseñarse en la historia de Francia? ¿Alguien se permite dudar que Ricardo III no es parte de la historia de Inglaterra? ¿Quién se atreve a decir que Ivan IV fue un zar de una Rusia que no existía todavía y que por tanto en las escuelas rusas no hay que incluirlo en los libros de texto y no como parte de la historia?

Hace unas semanas hemos visto como tras la muerte de la reina Isabel II, el pueblo británico unido y los territorios de la Commonwealth han cerrado filas en homenaje a la figura de una espléndida reina que vio como el imperio británico desaparecía y reinó como si existiera ¿Qué hubiera pasado en España? O mejor dicho, que pasa en España cuando desde las jefaturas del estado se le pide al rey explicaciones por hechos tergiversados y manipulados que ocurrieron hace 500 años. No pasa nada, todo lo contrario, nos enzarzamos en discutir la acusación y su fuente olvidando o escondiendo la defensa de nuestra historia.

Decía Ortega refiriéndose a la historia de España que lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa. No puede tener más razón Ortega. Como explicar que una de las madres de Europa con una historia infinita, que ha creado una cultura propia, la hispanidad , siga preguntándose que es España y desde cuándo, encontrando además respuestas diferentes en función del interlocutor y sus intereses.

La cuestión es que en muchos casos el ataque viene desde nosotros mismos, desde dentro , desde unos españoles que defienden la anti historia de España desde sus intereses de partido, territoriales, ideológicos o por simple narcisismo intelectual para encumbrarse en una supuesta superioridad moral. Y lo peor es que muchos de estos españoles en su deconstrucción de la nación toman decisiones obre planes educativos y textos académicos.

Desde hace ya algunos años historiadores, filósofos, antropólogos y geógrafos han concluido que la leyenda negra y los ataques a la historia de España no se defienden con otra leyenda, llamada dorada, sino con los hechos, Con la historia en términos científicos y metodológicos y no como una defensa, sino como una reivindicación histórica. Películas como España la primera globalización, o el libro Imperiofobia de Elvira Roca o la obra de Joseph Pérez, la leyenda Negra, han puesto de manifiesto el interés de muchos españoles en recuperar el rigor histórico y con ello la dignidad de nuestro pasado. Lo curioso es que siendo éxitos de pantalla y editoriales, nadie desde las esferas de la oficialidad cultural, pública y privada, las ha reconocido como tales. Ni una mención en ningún festival de cine o desde un certamen literario. Nada.

Somos nosotros, cada uno de nosotros, quienes tenemos que conocer nuestro pasado para poder defender nuestro presente y futuro a través del conocimiento. Cada uno de nosotros en sus pequeñas o amplias relaciones sociales, profesionales o en cualquier ámbito quienes debemos defendernos y poner en valor nuestro pasado , nuestra historia como arma de legítima defensa.



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