Carta de la directora

Queridos alumnos:

 

Tras el primer mes, lo primero compartir mi satisfacción por el nivel que están teniendo todos nuestros cursos y el magnífico trabajo de los profesores; están siendo tan interesantes los cursos que a veces quisiera estar en varias clases a la vez.

 

Quiero compartir con vosotros algunas reflexiones de nuestro profesor  Florentino Portero en sus conferencias sobre “El gran desorden mundial”. Resumir en seis horas lectivas lo que está pasando en el mundo es tarea complicada, pero a mi modo de ver ha hecho un repaso fascinante sobre los siguientes puntos:

 

¿Qué ha pasado en Europa? Análisis del desarrollo europeo a través de las tres revoluciones industriales, desde la cultura judeo-cristiana de la que somos herederos, pasando por la crisis del orden liberal.

 

¿Qué estamos viviendo ahora en occidente?  Una rapidísima revolución digital, un mundo global, posmoderno, caracterizado por la renuncia a la fe, la cultura del relativismo, los nacionalismos y el auge de lo emocional. Junto a esto un progresivo abandono de la razón en la toma de decisiones a la vez que la tecnología y la robotización irrumpen con fuerza, colocando a los algoritmos matemáticos como actores en la toma de decisiones importantes para la humanidad.

 

¿Qué nos depara el futuro? Imposible saberlo, pero sí se adivina que la tendencia actual continuará aún un tiempo. La carrera tecnológica ya no se puede parar. Un escenario en el que Europa no reacciona, no recupera sus raíces, ve paulatinamente cómo desaparece la clase media a causa de la globalización, pierde también a su población autóctona por la falta de natalidad y con ella sus raíces y su cultura y por si fuera poco no compite en la carrera de la tecnología y la ciencia con Estados Unidos, China e India.

 

En el análisis sociológico, vemos ya una sociedad a la que los filósofos posmodernos de forma acertada llaman “fluida” que no se compromete con nada ni hace planes a futuro, que se entrega voluntariamente a la cultura de masas y redes sociales y a la que no parece preocuparle la pérdida de privacidad por la gestión de sus datos, de libertad en la toma de decisiones por la manipulación de los medios digitales y de bienestar personal por la velocidad a la que nos vemos abocados a vivir. El Homo Sapiens es ahora un Homo laborans.

 

Europa es el lugar donde más y seguramente mejor se vive, donde tenemos libertad, seguridad, democracia, sanidad y educación. Un estado de bienestar nunca visto en nuestra historia y al que el resto del mundo quiso aspirar, ha dejado de ser el modelo de sociedad. Estamos asistiendo a un declive del que nosotros mismos somos responsables pues nuestra respuesta como sociedad no deja duda.

La globalización es ya un hecho y no tiene vuelta atrás, pero hemos cedido las riendas en muchas cosas sin oponer la más mínima resistencia.

 

La tecnología nos ha traído avances estupendas y grandes comodidades, pero no hemos sabido (ni querido) decir basta y poner límites de forma activa. No solo nos dejamos llevar, sino que entregamos voluntariamente nuestros datos y además lo hacemos contentos. Nos da miedo quedarnos fuera, incomunicados…

Somos mucho más ricos que hace cincuenta años, pero asistimos a una sociedad con índices elevados de insatisfacción, agresividad, ansiedad, depresión y consumo de psicofármacos.  Algo estamos haciendo mal pero no sabemos bien qué, son sentimos superados, desbordados.

 

El hombre occidental, vive una era de cansancio vital, de agotamiento psicológico, de hiperactividad e hiperconsumo, pero está insatisfecho. Lo analizan bien los filósofos posmodernos Byung- Chul Han o Walter Benjamin. La atención profunda y contemplativa es reemplazada por la hiperacción y no se admite el aburrimiento profundo que sería básico en cualquier proceso creativo.

 

Los historiadores como Florentino Portero y los filósofos contemporáneos con su análisis del presente lo constatan continuamente, pero a título individual asistimos pasivamente a nuestro propio malestar sin hacer nada que lo remedie.

 

Roma está cayendo y lo vemos tranquilamente en la televisión desde un cómodo sillón con el mando a distancia en la mano.

¿Hay alguien ahí?

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