Carta de la directora

Queridos alumnos:

 

Este mes de enero quiero compartir con vosotros una reflexión sobre una corriente filosófica con la que estoy bastante de acuerdo, pero siempre me deja algo inquieta, pues como nunca se acaba de resolver del todo este tema, como pasa siempre en filosofía, hay que estar siempre dándole vueltas para que no se nos olvide qué o quién condiciona nuestras vidas y nuestra forma de pensar.

 

El existencialismo defiende, a grandes rasgos, la idea de que la existencia precede a la esencia. No hay una esencia anterior que predetermine a los seres humanos (mochilas genéticas aparte) sino que cada uno es libre de pensar, actuar y formarse su propio ser. Los existencialistas abordan de frente el problema de la libertad y la responsabilidad que cada ser humano tiene sobre su propia vida. Critican los valores establecidos, se oponen al objetivismo y a la predestinación y abogan por la libertad y por la moral individual, asumiendo en el camino un vacío existencial y la inmensa carga de responsabilidad individual que tenemos. “Cada uno es dueño de su destino” dicen los existencialistas más representativos como Kierkegaard, Sartre, Camus o S. de Beauvoir.

 

Esto me lleva a pensar que lo que somos y lo que pensamos nos viene del exterior a través de todas las fuentes de conocimiento a las que estamos expuestos y por supuesto de las experiencias vividas. Los libros que leemos, aquello a lo que prestamos atención, los lugares que conocemos, la televisión, el cine, la familia. La suma de todo ello es lo que conforma nuestra cultura. De fuera hacia dentro.

 

Nuestra cultura es a su vez lo que (en gran parte) determina cómo pensamos y lo que decimos, conforma nuestro criterio, nuestra forma de actuar, nuestras reacciones y decisiones, nuestras ideas sobre la política, la religión o la familia. Ahora el proceso es inverso, de dentro hacia fuera. Si creemos un poco en esta corriente filosófica no nos queda otra que asumir nuestra libertad y dejar un hueco en nuestras ajetreadas vidas para aceptar con paz lo que la genética nos manda y procurar nutrir nuestras vidas con conocimientos, para así, ser capaces de tomar elecciones acertadas durante el camino; porque mucho me temo queridos alumnos que esa es la única forma de que otros no lleven las riendas de nuestra existencia. No me gusta la idea determinista, mejor la inquietud constante y la libertad. Mejor llegar al final de la vida sabiendo, creyendo, que el camino andado lo hemos elegido nosotros.

 

 

Para responder: crisalonso65@gmail.com

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies